
Cuando nos duele una parte de nuestro cuerpo, además de la posibilidad de acudir a los fármacos, podemos tratar de reducir las molestias con métodos más caseros. Entre ellos, aplicar frío o calor, según la situación y el tipo de dolor, es uno de los más utilizados. Pero, ¿en qué casos va mejor uno u otro?:
- Frío: es muy socorrido para reducir inflamaciones recientes como las que nos pueden provocar ciertas lesiones o traumatismos. Con el frío, los vasos sanguíneos se cierran y decrecen los agentes que ocasionan la hinchazón, y por tanto, también el dolor.
- Calor: por el contrario, el calor es muy indicado para aquellas lesiones menos recientes. Éste ayuda a reducir la rigidez muscular y así poder recuperar la movilidad al dilatarse los vasos sanguíneos y permitir que la sangre circule mejor.
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